Cuando el cuento acaba en pesadilla

05.04.2017

La violencia de género, violencia brutal hacia las mujeres, la desigualdad por la identidad sexual y el rechazo hacia cualquier forma de vivir o pensar diferente a la mayoría son elementos que hacen que una sociedad no sea ni justa ni igualitaria.

Hace apenas varios días, cuando una mujer y sus dos hijos han sido asesinados en Campo de Criptana, casi dos decenas de mujeres que no han muerto, las han asesinado, en poco más de tres meses que tiene este 2017. Si alguna forma de terrorismo, se hubiera cobrado tantas víctimas en tan poco tiempo ya estaría el País en pie de guerra, ¿acaso creen que esto es tolerable?

Tras años de patriarcalismo y machismo, a una parte de la población les cuesta trabajo entender que nosotras las mujeres debemos coger las riendas de nuestra vida y debemos actuar para lograr y conseguir lo que nos propongamos, es aquí cuando me viene a la cabeza el síndrome princesa, ha llegado el momento de dejar de esperar a los príncipes azules que nos salvarán a galope en caballos blancos, Cenicientas, Blancanieves o Bellas Durmientes deben de dejar de ser simples objetos pasivos para ser ellas las que se salven de los demás y a veces de ellas mismas, con sus dudas e incertidumbres.

Ya está bien de contar siempre los mismos cuentos, de niñas inocentes e ingenuas que siempre esperan la salvación y de niñas que por ser un poco curiosas siempre acaban en las garras de un lobo feroz como la tierna Caperucita Roja, "pobre de ella con su traje rojo y una cesta, quien la mandaría a ser tan atravedida".

Debemos cambiar la historia, no se puede tolerar que en poco más de tres meses sean casi 20 mujeres las que han muerto a manos de sus compañeros o excompañeros.

Debemos caminar con hombres y mujeres, mirarnos a los ojos con igualdad y respeto y a partir de ahí debemos construir una nueva sociedad en la que todos caminemos juntos y hacia un único horizonte. Por suerte cada vez hay más hombres que nos acompañan en este camino sin ellos condenando a sus congéneres este camino sería más difícil. Pero por suerte contamos con buenos compañeros.

Hasta ese momento no sólo hay que hay que decir basta una y mil veces, sino que también debemos estar atentas para que los roles no se sigan repitiendo en un futuro y podamos caminar hacia delante sin ninguna atadura.